Guía de la colección de arqueología del Museu Regional d'Artà

 

La cultura postalayótica (550 - 123 a. C.)

Cronología:

 

1- Introducción

 

El postalayótico es la última etapa de la prehistoria de las Islas Baleares. Se sitúa entre el siglo VI y el año 123 a. C., momento en que los romanos conquistan las Islas Baleares. Esta etapa está marcada por cambios significativos en los ámbitos funerario, social y económico.

 

2- El postalayótico

 

Este es el período en el que se observan las diferencias más significativas con respecto a las etapas anteriores:

En primer lugar, se produce una reestructuración de los poblados que provoca el abandono de construcciones anteriores, se introducen nuevas técnicas arquitectónicas y aparece un concepto espacial nuevo.

En segundo lugar, existe una amplia variedad de tradiciones funerarias que se forjan con la construcción de santuarios.

Finalmente, se observan cambios significativos en la economía y la sociedad por una mayor interacción con la cultura fenicio-púnica, que irá desempeñando un papel cada vez más relevante.

 

3- El mundo funerario y la religiosidad postalayótica

 

El mundo funerario y el ámbito religioso de las comunidades prehistóricas de esa época también se ven inmersos es una serie de cambios. Existen pruebas de nuevas maneras de enfrentarse a la muerte y nuevas expresiones materiales de la religiosidad de los pobladores postalayóticos. La cultura funeraria de esta última etapa revela la complejidad de estas comunidades, cuyas prácticas funerarias se llevan a cabo en diversos tipos de necrópolis y según una amplia variedad de rituales; se pone de manifiesto la coexistencia de varias modalidades religiosas, que a su vez indica la existencia de una gran riqueza de tradiciones culturales ante la muerte, probablemente por la influencia de otras culturas.

 

4- Las necróplis

 

Las grandes necrópolis usadas durante el talayótico, como la de Son Matge, se siguieron utilizando, aunque se visualizan cambios importantes. Durante el postalayótico se introduce el uso de cal en las inhumaciones. En Son Real, por ejemplo, dejan de construirse tumbas destinadas a las altas jerarquías y se centran en la construcción de sepulcros rectangulares. De este modo, los grupos sociales con poco o ningún estatus reconocido pudieron acceder a necrópolis de prestigio.

Durante este período, los habitantes de la isla de Mallorca hicieron uso de una gran variedad de lugares para enterrar a sus muertos: cuevas y abrigos naturales, cuevas e hipogeos artificiales y otras construcciones funerarias.

 

5- Los rituales

 

Los rituales de cremaciones individuales o colectivas se localizan en Son Real y en s’Illot des Porros. Las inhumaciones colectivas se realizaban en hipogeos artificiales naviformes como el de Son Ferrer o en necrópolis de superficie con estructuras arquitectónicas. El ritual de inhumaciones infantiles, para las que se utilizaban contenedores funerarios individuales, se ha ubicado en cuevas naturales o en hipogeos artificiales. El ritual de inhumaciones individuales o colectivas reducidas se han localizado en necrópolis de superficie o en estructuras arquitectónicas talayóticas reutilizadas, como la de Ses Païsses, la de Son Oms o la de Son Oleza.

La diversidad a la que continuamente hacemos referencia también se ve reflejada en las ceremonias de sepultura y en la variedad de creencias, que se deduce del ajuar que acompaña al difunto.

Los distintos rituales responden a inhumaciones colectivas cubiertas con cal. Se han hallado indicios de este ritual en cuevas naturales, abrigos rocosos, hipogeos artificiales y en algunos contenedores arquitectónicos. También se ha constatado la celebración de inhumaciones colectivas o individuales en contenedores funerarios.

Se recuperan los hipogeos con entierros colectivos. Durante los siglos VI-II a. C. las cámaras funerarias incorporan columnas. En Mallorca los encontramos en Son Maimó (Petra) y en Sa Cova des Forn (Ses Salines). Otras estructuras son más complejas, puesto que disponen de varias cámaras: es el caso de Cova Monja o Son Taixaquet.

Uno de los rituales funerarios del postalayótico son los entierros individuales, con una gran diversidad: en algunos de ellos se utilizaron unos contenedores similares a los sarcófagos u otros más sencillos elaborados con troncos, como los de Son Boronat (Calvià) o los de Cometa des Morts (Escorca). También se han hallado algunos ejemplos en sepulcros en forma de toro, como los de la sima de la Punta. Las inhumaciones en contenedores cerámicos se reservaban a los bebés prematuros. Una de las necrópolis más singulares se construyó en s’Illot des Porros, formada por cámaras arquitectónicas destinadas a entierros colectivos. Las tumbas tenían forma de herradura y se utilizaron entre el 550 y el siglo I a. C.

 

6- Los objetos funerarios

 

Los difuntos prehistóricos eran enterrados junto con el ajuar, que era el conjunto de objetos que habían formado parte de su vida. Actualmente estos objetos son los que proporcionan información para poder estudiar esa época. Los ajuares funerarios podían incluir utensilios cerámicos, piezas de ornamento personal, armas y objetos de índole religiosa.

En primer lugar, los utensilios cerámicos estaban fabricados a mano o a torno a modo de pequeños contenedores. Estas piezas de cerámica son la prueba de los rituales que se realizaban durante la ceremonia de sepultura de los difuntos. Por su forma, muchas de ellas están relacionadas con la gestión de líquidos.

Un segundo grupo estaría formado por los elementos de ornamento personal, entre los que cabe destacar los brazaletes en espiral, los anillos, los collares de pasta de vidrio, prueba de los fuertes lazos con la cultura fenicio-púnica, etc.

El tercer grupo incluye los objetos de tipo armamentístico, de los que cabe destacar las espadas –tanto las de antenas como las falcatas– y los cuchillos.

Finalmente, un último grupo sería el formado por objetos utilizados en las ceremonias religiosas, como, por ejemplo, las campanillas, las hachas de doble filo votivas, los discos y los bastones.

 

7- La religiosidad

 

El conocimiento que tenemos acerca de la prehistoria se lo debemos a la religión y a los rituales llevados a cabo por estas comunidades a lo largo de su existencia. Durante la prehistoria se celebraban ceremonias en las que se rendía culto a los muertos, por lo que se construyeron estructuras en las que depositar los restos. Durante esa época se erigieron los santuarios, lugares específicos para la celebración de rituales funerarios del poblado. A partir de los restos arqueológicos encontrados en el interior de estos recintos sagrados, puede intuirse que se realizaban rituales destinados al sacrificio de animales, fuegos rituales, cremaciones, sacrificios y ofrendas, libaciones y ágapes rituales.

 

8- Los santuarios

 

A pesar de que a partir de los años 700-600 a. C. dejan de erigirse talayotes y otras construcciones ciclópeas, la arquitectura de uso social y religiosa no desaparecerá del paisaje prehistórico, aunque sufrirá una fuerte transformación formal y, sobre todo, conceptual.

A partir de ese momento, gran parte de las comunidades talayóticas se organizan alrededor de los santuarios. Se trata de construcciones de planta generalmente cuadrada, con una fachada ligeramente cóncava y el muro opuesto de forma absidal. En su interior, se erige un número indeterminado de monolitos dispuestos en vertical. A raíz del registro arqueológico donde se encuentran se han podido identificar los siguientes elementos:

  • El suelo está cubierto por una capa densa de cenizas, carbón y huesos de animales sacrificados (toros, cabras, cerdos y ovejas).
  • Fabricación de material cerámico específico con fines rituales destinado a la gestión de líquidos: copas crestadas, contenedores pequeños y cerámica fina importada.
  • Existen datos sobre la existencia de estatuas de bronce en forma de ave, de toro o de guerrero.

 

9- Dos ejemplos

 

SON FAVAR

El yacimiento de Son Favar se sitúa en la carretera que une Capdepera y Artà y data de los siglos IV-III a. C. En el interior de una dependencia adosada al talayote cilíndrico o turriforme del asentamiento se hallaron unas estatuillas. Se trata de cuatro estatuillas en forma de guerreros desnudos, armados con casco, lanza y escudo, y con actitud amenazante. El lugar probablemente estuviese relacionado con un personaje notable o de posición privilegiada dentro de la comunidad, puesto que también se encontraron avíos de tocador (un ungüentario, collares de pasta vítrea y uno de marfil), objetos de culto, elementos de atavío suntuario (una fíbula en forma de ave), lujosos recipientes de bronce (jarritas con figuras) y una vajilla de cerámica.

 

SON MARÍ

El santuario de Son Marí se ubica en la carretera que va de Alcúdia a Artà y data de los siglos V-I a. C. Presenta una planta absidal, con bases de columna adosadas en las paredes. Está dotado de un conjunto de piezas de cerámica griegas, púnicas, romanas e indígenas, entre las que cabe destacar una cabeza felina. También se hallaron numerosos restos óseos que pudieron cocinarse y consumirse en el santuario. Se cree que pudo tratarse de un recinto al descubierto.

 

10- Los contactos comerciales

 

En el poblado del Puig de Sa Morisca (Calvià) se hallan numerosas pruebas de estos intercambios. Se han descubierto puntas de flecha con arpón, escarabeos (amuletos que representan el escarabajo solar egipcio) y collares de pasta vítrea. Más adelante, y especialmente a partir del siglo IV a. C., también aparecen indicios en otros poblados talayóticos, como el de Ses Païses (Artà), el de Turó de les Abolles (Calvià), el de Son Fornés (Montuïri), el de Hospitalet (Manacor), etc.   

 

Las relaciones con la cultura púnica

 

Desde el siglo IX, los fenicios fundaron importantes asentamientos en las costas mediterráneas que posteriormente convirtieron en centros urbanos de peso como Abul, Gadir, Lixus, Malaka o Ebusus. Este hecho les convirtió en los únicos que comerciaban por el Mediterráneo. Durante el período postalayótico los intercambios con el exterior se intensificaron, sobre todo en la colonia fenicio-púnica de Ebusus, que introducía los productos exóticos en las islas.

Los intercambios con los púnicos conllevaron una serie de transformaciones en la comunidad indígena. Las relaciones entre los colonos y los indígenas cambian a partir del reclutamiento de los honderos baleares, guerreros armados con una honda que encabezaban los ejércitos cartagineses como mercenarios contra los griegos en Sicilia y especialmente formando parte de los ejércitos púnicos durante la segunda guerra púnica contra los romanos.

Sin embargo, el contacto con la cultura púnica hizo mella en la sociedad y favoreció, por ejemplo, la aceleración del proceso de jerarquización social; influyó en la incorporación de la cerámica a torno y en su interacción con la cerámica a mano elaborada en las islas; y tuvo un impacto en el ámbito ideológico y simbólico de las comunidades postalayóticas.

 

11- El territorio y la concepción doméstica del espacio

 

Los poblados de la época postalayótica a menudo se ubicaban cerca de un torrente, a corta distancia de una fuente, con tierras aptas para el pasto del ganado y el cultivo. Asimismo, solían estar situados sobre cerros, por ejemplo, para un mejor control visual de la zona. No obstante, durante el postalayótico se observan cambios importantes en la gestión y el reparto del territorio por parte de estas comunidades. Se abandonan los lugares elevados, caracterizados por los turriformes con los que dominaban el territorio. Este hecho podría indicar que probablemente cambiara la concepción del espacio: aparecen casas de uso doméstico fuera de las murallas, así como nuevos núcleos de población.

En cuanto a los tipos de vivienda, continúan las de planta cuadrada o rectangular, divididas en su interior en dos o tres dependencias.

 

El poblado talayótico de Ses Païsses, Artà

 

El poblado talayótico de Ses Païsses empezó a habitarse hacia el año 850 a. C. El turriforme, situado en el centro del poblado y a más altura que el resto de estructuras, fue la primera construcción. Dicha estructura probablemente tenía una función social  y simbólica. Con el tiempo se fueron añadiendo el resto de construcciones, que se adosaron a esta estructura. Se calcula que los poblados talayóticos estaban formados por varias familias, que formaban un grupo de aproximadamente 300 personas y que controlaban y cultivaban el territorio circundante. Las construcciones tenían funciones distintas y no respondían a un entramado regular de calles y edificios, sino que se organizaban de forma desordenada. El interior de estos recintos solía distribuirse de la misma manera: un turriforme y algún santuario cerca.

Uno de los elementos típicos de la cultura talayótica son las murallas, de carácter ciclópeo. Esta técnica constructiva debe su nombre a los cíclopes, gigantes de la mitología griega. Los poblados podían tener varias puertas de acceso. En Ses Païsses se localizaron tres que responden a la misma tipología. El resto de estructuras no son de la misma época. Las primeras son la sala hipóstila y las estructuras adosadas al turriforme central. Hacia el año 700-600 a. C. aparecen las viviendas de forma rectangular y muros rectilíneos.

 

12- La sociedad postalayótica

 

La concentración de la sociedad en poblados favoreció la aparición de jefes, quienes probablemente organizaban la vida dentro del poblado. Poco a poco, éstos fueron consolidando su posición por encima del resto; es posible que los grandes monumentos  se erigieran con el fin de ritualizar su dominio sobre el territorio.

Los habitantes del poblado se dedicaban a pastorear cabras y ovejas, que llevaban por las tierras fértiles de los alrededores, y aprovechaban su carne, su leche y sus pieles. La caza era una práctica secundaria  y las comunidades ubicadas cerca del mar aprovechaban este recurso para diversificar su alimentación.

Durante la época postalayótica (siglo VI-II a. C.), la agricultura cobra fuerza –lo que lleva a pensar en un crecimiento demográfico–, puesto que es posible generar excedente para almacenar y centralizar la producción, lo que facilita los intercambios comerciales a mayor distancia.

Para tratar los cereales y las legumbres y guardar los frutos recolectados se utilizaban los habitáculos domésticos y los recipientes cerámicos, que servían para almacenar y cocinar.

Los talayóticos también destacaron por sus labores con el metal: utilizaron el cobre, el bronce (para fabricar estatuas o hachas), el hierro (para utensilios cotidianos) y el plomo (para utensilios de uso ritual). También se han encontrado ornamentos de carácter personal o ceremonial.

Los molinos para moler el grano eran de piedra y podían ser de vaivén o de rotación. Este último consta de una parte fija conocida como ‘meta’ y una móvill, el ‘catillus’, con un embudo en la parte superior, por donde se introducía lo que debía molerse.   

 

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